Decisiones y Consecuencias
Era la hora de las consecuencias.
Inmóvil, absorta y dejándose llevar por le traqueteo y los ruidos metálicos del convoy del "metro" al circular. Marga y sus ojos verdes parecía un maniquí sin vida, o con la mínima para mantener la postura en el asiento del chirriante y angosto vagón.
Marga llevaba el coño lleno de leche, follada durante cinco minutos locos por Jon, un compañero de trabajo que siempre la cortejaba una y otra vez. Hasta aquel día, todo eran decisiones. Decidir follar, decidir dar carpetazo a su insulso matrimonio, o decidir si valía la pena seguir con aquella farsa de marido pero con una aventura en su vida. Ante tantos pensamientos, sin apenas darse cuenta, los pasos de Marga por los adoquines de la húmeda ciudad de Vitoria le llevaron a su casa. Giró la llave y llegó a casa.
Ahí estaba Gorka, pasivo, con un lacónico gesto sin apenas ganas.
Marga despertó, sabía que tenía que higienizarse, ya que las prisas y la torpe pasión del momento, no le permitió hacerlo despues de su polvo prohibido. Marchó al lavabo y dejó correr el agua, pero con las piernas abiertas se entretuvo mirándose, viendo como sus labios pringosos aún de la leche de Jon, monopolizaban su coño. Sonrió, incluso disfrutó ver sus muslos mojados, sentirse deseada y bien follada. Hacía años de eso.
Una vez tomó la decisión, ahora Marga, debería pensar en la consecuencia. Pero mientras tanto, esos cinco minutos de felicidad en el baño, antes de borrar su historia de su coño con un chorro de agua y jabón íntimo, le parecieron los cinco minutos de más felicidad que había tenido en años.
Otra vez las decisiones. ¿Repetir? o recordar?.
Inmóvil, absorta y dejándose llevar por le traqueteo y los ruidos metálicos del convoy del "metro" al circular. Marga y sus ojos verdes parecía un maniquí sin vida, o con la mínima para mantener la postura en el asiento del chirriante y angosto vagón.
Marga llevaba el coño lleno de leche, follada durante cinco minutos locos por Jon, un compañero de trabajo que siempre la cortejaba una y otra vez. Hasta aquel día, todo eran decisiones. Decidir follar, decidir dar carpetazo a su insulso matrimonio, o decidir si valía la pena seguir con aquella farsa de marido pero con una aventura en su vida. Ante tantos pensamientos, sin apenas darse cuenta, los pasos de Marga por los adoquines de la húmeda ciudad de Vitoria le llevaron a su casa. Giró la llave y llegó a casa.
Ahí estaba Gorka, pasivo, con un lacónico gesto sin apenas ganas.
Marga despertó, sabía que tenía que higienizarse, ya que las prisas y la torpe pasión del momento, no le permitió hacerlo despues de su polvo prohibido. Marchó al lavabo y dejó correr el agua, pero con las piernas abiertas se entretuvo mirándose, viendo como sus labios pringosos aún de la leche de Jon, monopolizaban su coño. Sonrió, incluso disfrutó ver sus muslos mojados, sentirse deseada y bien follada. Hacía años de eso.
Una vez tomó la decisión, ahora Marga, debería pensar en la consecuencia. Pero mientras tanto, esos cinco minutos de felicidad en el baño, antes de borrar su historia de su coño con un chorro de agua y jabón íntimo, le parecieron los cinco minutos de más felicidad que había tenido en años.
Otra vez las decisiones. ¿Repetir? o recordar?.
9 years ago