Una noche de torpezas y baños. 2

De aquella forma acabó la anterior aventura, con un enorme bajón. Y allí estaba yo, sin bragas, mojada y con un fuerte calentón. Como nos íbamos a ir enseguida, dije que me iba al baño, ya que quería limpiarme otra vez allí abajo. Al irme, me dijo mi amiga, que “cuantos viajes das al baño”, así que entre risas, le expliqué lo que me había pasado. Al final me dijeron: “nena, estas cosas solo te pasan a ti” y “te lo tenías que haber llevado al baño a tirártelo”. En fin, el cachondeo de siempre.

Ya en el baño, limpié la taza, me levanté la falda y senté mi culo. Allí sentada, mientras orinaba más cerveza, me quede pensando en su olor y en su voz. La verdad es que me ponía bastante. Cuando terminé de orinar y mientras me limpiaba, sentí un estremecimiento, un calor que me subía de nuevo. Y alli estaba, sentada en un váter público, sin ropa interior y pasándome por la cabeza tocarme alli mismo. Nunca había hecho una cosa así, pero esa mezcla de vergüenza, excitación y lugar inapropiado, hizo que se me activara el cuerpo más si cabe.

Decidí lanzarme y hacerlo rápido para que nadie me pudiera escuchar. Menuda vergüenza. Entonces, agudice mis sentidos y me puse a escuchar a ver quién había por alli. En el cubículo de al lado, había una mujer orinando que se acababa de sentar. Fuera, se escuchaba un par de chicos riendo en la zona de lavarse las manos. Y como parecía que no había nadie más, me lancé a ello.

Levanté mi falda, me abrí un poco de piernas, y empecé a tocarme. Poco a poco fui aumentando la velocidad mientras me subían los calores. El pecho lo tenía a punto de estallar, así que me levanté la camiseta y se quedaron al aire. En esa posición y aguantando para no gemir ni hacer ruido seguí un rato. Entonces, sentí como salía la de al lado, y entró otra mujer, que enseguida se notó que iba a hacer más que orinar. Aquello no podía ser menos excitante, pero para empeorar todo, dos chicas más entraron y se quedaron esperando allí dentro, mientras cuchicheaban y no paraban de hacer ruido. Con tanta desconcentración pensé en irme, pero al final el reto me pareció divertido, así que continué.

Como no dejaba de estar húmeda por el flujo, mientras me tocaba mi clítoris con una mano, empecé a meterme un par de dedos con la otra. Poco a poco, mi respiración aumentaba, me sentía entrecortada, acelerada y se me escapaban pequeños suspiros. Me agarré un pecho y estaba tocando el pezón cuando una de las chicas de afuera tocó la puerta, impaciente por entrar a orinar. El susto fue mayúsculo, pero no podía dejar de tocarme, así que mirando a la puerta en alerta y echada hacia delante, continué con lo mío.

Menos mal que al final salió la de al lado y las dos chicas, entre risitas, entraron haciendo ruido. Cuando escuché que una se había puesto a orinar, continué con más ritmo y a por todas. Estaba tan mojada y tan excitada, que aquello tenía que terminar. Así que seguí tocándome mientras me acariciaba el pecho, y bajaba poco a poco hasta tocarme con las dos manos. Levanté las piernas y las apoyé en las dos paredes, quedando abiertas. En esa posición, continué metiéndome dos dedos y tocándome cada vez más rápido.

Me tocaba más y más. Y cada vez más rápido, y más rápido aún… hasta que un fuego intenso me recorrió el vientre y estalló en fuego tan intenso que no pude más que lanzar un grito y un suspiro de placer. Sentí mis manos y mis muslos mojados, mientras mi respiración entrecortada empezaba a disminuir de revoluciones.

Entonces me di cuenta de que no estaba sola. El grito había alertado a las chicas, y cuando miré hacia ese lado, una de ellas se había encaramado arriba y se estaba asomando. El caso es que me incorpore, pero me vio allí desnuda. Entonces empezó a reírse y a contárselo a la otra. ¡Menuda vergüenza! ¿Pero por qué me pasan estas cosas?.

Me levanté corriendo, me arregle la falda, me ajusté la camiseta y, sin limpiarme, salí corriendo, mientras se escuchaba detrás “vaya con la tía, ¡se estaba tocando!”. Apenas me pude lavar un poco las manos en el lavabo, y algo turbada salí a la terraza. En cuanto llegué mis amigas me vieron la cara y me preguntaron qué ocurría. Yo solo dije “¡¡Vámonos ya!!.

Más tarde, cuando íbamos andando por la calle, mis amigas me preguntaban, y yo avergonzada solo decía que nada, que una tontería. Menos mal que no vi a las chicas al irnos ni ellas me vieron. Pero, mientras andábamos hacia otro sitio, me di cuenta que llevaba mi vagina sin limpiar y mis muslos algo pringosos, además de que seguía sin ropa interior. Pensé que tenía que volver a entrar otra vez a un baño, aunque me dije que esta vez sería en casa, no más baños públicos por hoy. Pensé que ya que no podía salir así de marcha y mejor irse.

Cuando iba a dar una excusa, a una de mis amigas la llamaban uno de los chicos de antes, y resulta que a uno de ellos le gustó, y viceversa. El caso es que insistieron mucho en que querían quedar, y entonces pensé en el que me gustó a mí, ¿querría verme? Ya no sabía qué hacer. Pero mis amigas insistieron y me dijeron que probara con el chico a ver qué tal. Así que no me quedó más remedio que continuar la fiesta.

De esta forma, fuimos hacia un local de copas en donde estaban ellos y, aunque algo incómoda por la situación, me puse a sonreír. Al menos había tenido una corrida única. Y la noche continuaba, aunque esperaba que mi torpeza no me llevara a más situaciones extrañas. Aunque eso queda para el siguiente capítulo.
Published by Gattica
8 months ago
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flocket
flocket 8 months ago
Bufff cada vez más excitante e interesante! Escribes muy bien!
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