Una noche de torpezas y baños. 1
Voy a contar lo que me pasó una noche, en la que una serie de torpezas me llevaron a ciertas aventuras sexuales.
Aquel día había quedado con unas amigas. Como llegaba tarde, entré en mi casa corriendo y me cambié a toda velocidad. Me cambié de ropa y de braguitas, y me puse una faldita blanca ibicenca con camiseta a juego. Con las prisas, no me fijé de qué iba algo apretada y conforme iba por la calle, me di cuenta de que llevaba demasiado escote y un sujetador algo malo, pero ya no iba a volver.
Me reuní con mis amigas y fuimos a tomar unas cervezas a una terraza y, al rato, vinieron unos compañeros de trabajo de una de mis amigas, que se unieron a nosotras. A mi lado se puso un chico moreno y atlético, y aunque en un primer momento no me fijé mucho, al rato empezó a hablarme. Me gustó su forma de hablar y de expresarse, así que, poco a poco dejé de prestar atención al resto de la mesa y me centré más en él.
Conforme hablaba mis ojos se iban a su torso, que se entreveía por el cuello de su camisa, y a sus fuertes hombros. Me quedaba embobada mientras hablaba, ya que su voz vibrante conseguía mecerme y transportarme a otros lugares, y a hacerme vibrar. Sin darme cuenta, su olor llegó a mi cerebro como un golpe que despertó algo primitivo y salvaje dentro de mí, observando embobada sus fuertes manos agitándose mientras acompañaban su discurso.
Todo aquello despertó un calor en mi entrepierna y un fuego que subió desde mi vientre hasta mi cabeza. Sentí mis mejillas colorearse, mis pezones endurecerse, mis braguitas volverse húmedas mientras mi flujo se abría paso entre mis pelitos íntimos. Mi cuerpo entero pedía guerra.
Conforme avanzaba la noche, tuve que cruzar mis piernas varias veces, y con la presión intenté parar el volcán. Pero cuanta más presión sentía, más flujo salía. Sentía ganas de que me quitara la ropa y me tomara allí mismo pero no podía ser. Tendría que pensar en alguna estrategia porque quería sexo con aquel hombre y lo quería ya.
En un momento de la conversación, empecé a sentir que me orinaba mucho debido a tanta cerveza. No dejaba de mover mis piernas cruzadas porque no podía aguantarme pero como seguía hablando me daba corte pararlo y aguanté un rato más. Más tarde, algo azorada ya de apretarme, me disculpé y me fui al baño. Necesitaba respirar un poco y orinar.
Al llegar al baño y bajarme las braguitas las vi empapadas, manchadas de tanta humedad. Ahora no sabía qué hacer, porque si me las volvía a poner, iría manchada y no me gusta esa sensación, pero no podía ir sin braguitas con esa falda blanca. Encima, iba sin depilar, con lo que se notaría una mancha negrita en la falda. Estando ahí sentada, la cerveza dijo de salir y me puse a orinar un buen rato. Menudo placer, alli sentada, soltándolo todo. Supongo que la chica del váter de al lado estaría flipando.
Al terminar, me puse a limpiarme y decidí quitarme las braguitas para limpiarlas un poco y ver si me las podía volver a poner. No es que sea higiénico pero algo tenía que hacer. Pero resultó que la zona para lavarse las manos era compartida con el baño de hombres y no me había fijado, así que salí con ellas en la mano y me puse a lavarlas con cuidado de que no me viera nadie. Para colmo de mi torpeza, al lavarlas un poco en el grifo terminaron empapándose y caí en la cuenta que así tampoco me las podía poner. Creo que las cervezas me habían hecho más efecto de lo esperado.
Justo en ese momento entró este chico mientras yo tenía las braguitas en mis manos sin saber qué hacer. Se quedó mirando y yo algo avergonzada, solo se me ocurrió guardarlas en el bolsito y soltar alguna chorrada. Él se rió y educadamente cambió de tema. Eso sí, él ya sabía que iba sin ellas puestas. Empezaba bien la cosa.
Ya de vuelta en la mesa me costó volver a estar centrada, aunque este chico supo hacerme reír y pensar en otra cosa. Cada vez me tenía más loquita. El caso, es que como llevaba un sostén muy fino, que además, era algo malillo, se me rompió una pieza y se soltó. Llevaba una camiseta que marcaba bastante el pecho, pero sentía como un pecho se me salía, y como el escote se hacía más grande de lo decente. No me quedó más remedio que disculparme e ir al baño de nuevo.
Así que, tras quitármelo en el baño, me quedé en un momento sin ropa interior. Me sentí como desnuda, con el pecho suelto y los pezones marcando en la camiseta, mientras llevaba lo de ahí abajo al aire y “fresquito”. Había estado en playas nudistas pero esto era distinto. No me quedaba más remedio que salir así, con una mezcla de vergüenza pero, curiosamente, también de excitación bajo una fina tela de ropa. Algo dentro de mí me empujaba a sentir mi desnudez bajo mi ropa, a sentirme sensual, a ser juguetona y a tomarme mi torpeza como una diversión.
Mientras llegaba a mi sitio, sentía mi pecho libre y una amiga se dio cuenta y me sonrió como diciendo “¿qué haces?” pero creo que nadie más se dio cuenta. Así que me senté y continué charlando como si nada.
Al rato, vi como la mirada de este chico se iba descaradamente a mi escote y se turbaba, cómo se le iban los ojitos, y pensé: “bien, le gusta mi escote”. Así que, juguetona como estaba, tiré una cosa al suelo y me lancé a recogerla al lado de él, dejando mucho al aire y poco a la imaginación. Y es que él tenía que verme el escote abierto y mis pechos colgando. Enseguida sentí que él me miraba y que algo se movía en su pantalón. Eso me excitó aún más, y mi vagina se puso a latir con intensidad, con fuego, mientras no dejaba de humedecerse cada vez más.
No dejaba de imaginarme su cosa poniéndose dura, levantándose, con los testículos tersos. Me imaginaba agarrándola con toda la mano, sintiéndola bien dura, para después acariciarla y luego subir y bajar mi mano. Y conforme imaginaba, más flujo me salía, hasta el punto de que empecé a notar como resbalaba por mis muslos ya que no había nada que le impidiera el avance. Él lo percibió y, de verdad, creo que la tenía durísima en ese momento, a punto de estallar en su pantalón, impaciente por salir y meterse dentro de mí. Estaba tan excitada que se me entrecortaba la respiración y tal el calentón, que me hubiera subido allí mismo encima de él.
Pero lo que pasó después, fue inesperado y divertido, llevada por la misma torpeza que me había transportado a esta situación. Porque justo en ese momento, los amigos de él comentaron que se tenían que ir (no sé qué razón dieron), y el caso es que nos tuvimos que despedir. Me dejó su número de teléfono y nos dimos un abrazo, pero me quedé sin aventura. Y yo tenía que hacer algo con mi calentón, con mi ropa interior y con mi flujo. Pero eso queda para el siguiente capítulo.
Aquel día había quedado con unas amigas. Como llegaba tarde, entré en mi casa corriendo y me cambié a toda velocidad. Me cambié de ropa y de braguitas, y me puse una faldita blanca ibicenca con camiseta a juego. Con las prisas, no me fijé de qué iba algo apretada y conforme iba por la calle, me di cuenta de que llevaba demasiado escote y un sujetador algo malo, pero ya no iba a volver.
Me reuní con mis amigas y fuimos a tomar unas cervezas a una terraza y, al rato, vinieron unos compañeros de trabajo de una de mis amigas, que se unieron a nosotras. A mi lado se puso un chico moreno y atlético, y aunque en un primer momento no me fijé mucho, al rato empezó a hablarme. Me gustó su forma de hablar y de expresarse, así que, poco a poco dejé de prestar atención al resto de la mesa y me centré más en él.
Conforme hablaba mis ojos se iban a su torso, que se entreveía por el cuello de su camisa, y a sus fuertes hombros. Me quedaba embobada mientras hablaba, ya que su voz vibrante conseguía mecerme y transportarme a otros lugares, y a hacerme vibrar. Sin darme cuenta, su olor llegó a mi cerebro como un golpe que despertó algo primitivo y salvaje dentro de mí, observando embobada sus fuertes manos agitándose mientras acompañaban su discurso.
Todo aquello despertó un calor en mi entrepierna y un fuego que subió desde mi vientre hasta mi cabeza. Sentí mis mejillas colorearse, mis pezones endurecerse, mis braguitas volverse húmedas mientras mi flujo se abría paso entre mis pelitos íntimos. Mi cuerpo entero pedía guerra.
Conforme avanzaba la noche, tuve que cruzar mis piernas varias veces, y con la presión intenté parar el volcán. Pero cuanta más presión sentía, más flujo salía. Sentía ganas de que me quitara la ropa y me tomara allí mismo pero no podía ser. Tendría que pensar en alguna estrategia porque quería sexo con aquel hombre y lo quería ya.
En un momento de la conversación, empecé a sentir que me orinaba mucho debido a tanta cerveza. No dejaba de mover mis piernas cruzadas porque no podía aguantarme pero como seguía hablando me daba corte pararlo y aguanté un rato más. Más tarde, algo azorada ya de apretarme, me disculpé y me fui al baño. Necesitaba respirar un poco y orinar.
Al llegar al baño y bajarme las braguitas las vi empapadas, manchadas de tanta humedad. Ahora no sabía qué hacer, porque si me las volvía a poner, iría manchada y no me gusta esa sensación, pero no podía ir sin braguitas con esa falda blanca. Encima, iba sin depilar, con lo que se notaría una mancha negrita en la falda. Estando ahí sentada, la cerveza dijo de salir y me puse a orinar un buen rato. Menudo placer, alli sentada, soltándolo todo. Supongo que la chica del váter de al lado estaría flipando.
Al terminar, me puse a limpiarme y decidí quitarme las braguitas para limpiarlas un poco y ver si me las podía volver a poner. No es que sea higiénico pero algo tenía que hacer. Pero resultó que la zona para lavarse las manos era compartida con el baño de hombres y no me había fijado, así que salí con ellas en la mano y me puse a lavarlas con cuidado de que no me viera nadie. Para colmo de mi torpeza, al lavarlas un poco en el grifo terminaron empapándose y caí en la cuenta que así tampoco me las podía poner. Creo que las cervezas me habían hecho más efecto de lo esperado.
Justo en ese momento entró este chico mientras yo tenía las braguitas en mis manos sin saber qué hacer. Se quedó mirando y yo algo avergonzada, solo se me ocurrió guardarlas en el bolsito y soltar alguna chorrada. Él se rió y educadamente cambió de tema. Eso sí, él ya sabía que iba sin ellas puestas. Empezaba bien la cosa.
Ya de vuelta en la mesa me costó volver a estar centrada, aunque este chico supo hacerme reír y pensar en otra cosa. Cada vez me tenía más loquita. El caso, es que como llevaba un sostén muy fino, que además, era algo malillo, se me rompió una pieza y se soltó. Llevaba una camiseta que marcaba bastante el pecho, pero sentía como un pecho se me salía, y como el escote se hacía más grande de lo decente. No me quedó más remedio que disculparme e ir al baño de nuevo.
Así que, tras quitármelo en el baño, me quedé en un momento sin ropa interior. Me sentí como desnuda, con el pecho suelto y los pezones marcando en la camiseta, mientras llevaba lo de ahí abajo al aire y “fresquito”. Había estado en playas nudistas pero esto era distinto. No me quedaba más remedio que salir así, con una mezcla de vergüenza pero, curiosamente, también de excitación bajo una fina tela de ropa. Algo dentro de mí me empujaba a sentir mi desnudez bajo mi ropa, a sentirme sensual, a ser juguetona y a tomarme mi torpeza como una diversión.
Mientras llegaba a mi sitio, sentía mi pecho libre y una amiga se dio cuenta y me sonrió como diciendo “¿qué haces?” pero creo que nadie más se dio cuenta. Así que me senté y continué charlando como si nada.
Al rato, vi como la mirada de este chico se iba descaradamente a mi escote y se turbaba, cómo se le iban los ojitos, y pensé: “bien, le gusta mi escote”. Así que, juguetona como estaba, tiré una cosa al suelo y me lancé a recogerla al lado de él, dejando mucho al aire y poco a la imaginación. Y es que él tenía que verme el escote abierto y mis pechos colgando. Enseguida sentí que él me miraba y que algo se movía en su pantalón. Eso me excitó aún más, y mi vagina se puso a latir con intensidad, con fuego, mientras no dejaba de humedecerse cada vez más.
No dejaba de imaginarme su cosa poniéndose dura, levantándose, con los testículos tersos. Me imaginaba agarrándola con toda la mano, sintiéndola bien dura, para después acariciarla y luego subir y bajar mi mano. Y conforme imaginaba, más flujo me salía, hasta el punto de que empecé a notar como resbalaba por mis muslos ya que no había nada que le impidiera el avance. Él lo percibió y, de verdad, creo que la tenía durísima en ese momento, a punto de estallar en su pantalón, impaciente por salir y meterse dentro de mí. Estaba tan excitada que se me entrecortaba la respiración y tal el calentón, que me hubiera subido allí mismo encima de él.
Pero lo que pasó después, fue inesperado y divertido, llevada por la misma torpeza que me había transportado a esta situación. Porque justo en ese momento, los amigos de él comentaron que se tenían que ir (no sé qué razón dieron), y el caso es que nos tuvimos que despedir. Me dejó su número de teléfono y nos dimos un abrazo, pero me quedé sin aventura. Y yo tenía que hacer algo con mi calentón, con mi ropa interior y con mi flujo. Pero eso queda para el siguiente capítulo.
8 months ago