Teresa
En aquella época trabajaba de administrativo en una empresa de venta de juguetes eróticos y solía cumplir mi horario como un reloj, tanto de salida como de entrada a la oficina. Pero un día, Teresa, que era mi superior, decidió pasarme un montón de faena urgente a última hora de la tarde obligándome con eso a tener que quedarme a hacer horas extras, las cuales no me remuneraban.
Ya de por si mi jefa y yo no nos llevábamos demasiado bien, como para encima eso para acabar de redondearlo, y ella lo notó y al ver mi cara me dijo:
- Oye, que tu te tienes que quedar pero yo también, porque he de cerrar la empresa y hasta que no acabes no voy a poder marcharme.
Se fue yendo todo el mundo y ahí estábamos los dos con caras de pocos amigos, yo trabajando a toda prisa para acabar cuanto antes y ella charlando por teléfono con sus amigas y jugueteando con su móvil.
De golpe, Teresa dió un salto de la silla y me dijo:
- Mierda! Los chicos del almacén se han olvidado de preparar unos pedidos que tenían que salir hoy urgentes. Vamos en un momento al almacén a prepararlos nosotros y después sigues con lo tuyo.
A regañadientes, fui con ella al almacén, era un espacio anexo a las oficinas con muchos pasillos y estanterías hasta casi el techo, llenas de los más variopintos juguetes sexuales, con un espacio de un metro aproximadamente entre estantería y estantería.
Ella llevaba los listados con los pedidos y yo sujetaba la caja donde iba colocando los productos encargados, hasta que, de golpe, me da un plug anal negro con bultitos y me dice:
-Este ponlo aparte que me lo llevo a mi casa para probarlo.
En ese momento lo cogí y me quedé alucinado con su comentario.
Teresa era una mujer separada de algo más de 50 años, de algo menos de 1,70 de estatura, rellena, con buenas caderas y pechos grandes a conjunto con el resto, con un cuerpo típico de mujer de su edad. Tenía un carácter bastante seco, rozando la bordería en la mayoría de los casos y con la cual nunca había tenido la más mínima confianza como para enterarme de que querría meterse por sus partes esa buena señora al llegar a casa.
No dije nada y ella siguió preparando pedidos, y al cabo de un rato me dió para que le guardase un pene negro de tamaño considerable con muchas venas, de estos que se sujetan con una ventosa, también para llevárselo a casa. Tras eso, fueron cayendo unas bolas chinas triples, unas fundas vibradoras para los dedos y un par de botes de lubricantes anales. Todo para que Teresa lo probase en su casa.
Yo ya lo flipaba, pero seguía sin decir nada de nada, iba tras ella por los pasillos sujetando las cajas y sus juguetitos y para mi era inevitable el pensar lo que podría hacer mi jefa con todo eso al llegar a casa. La imaginaba colocándose las bolas chinas en el lavabo de la oficina antes de ir a coger el metro, para llegar bien caliente a casa y ponerse a lubricar el pene negro de goma, clavar la ventosa en una silla y sentándose sobre él metiéndoselo enterito por el coño. La imaginaba desnuda en el sofá viendo la tele con el plug anal metido en el culo y acariciándose el clítoris con con las fundas de dedos vibradoras. La imaginaba…joder!me había quedado totalmente en una nube y me acababa de dar cuenta que andaba tras ella por los pasillos medio cachondo mirándole el culo. Sí, estaba mirándole el culo a mi jefa que me sacaba unos 20 años y a la cual odiaba profundamente.
Iba vestida con una blusa blanca con rayas beige y una falda marrón que le llegaba justo por debajo de las rodillas, la falda le marcaba el culo gordo que tenía y el cual era el centro de mi atención en los últimos minutos, aunque no era más que eso: un culo gordo. La situación había enturbiado mi mente de tal manera que estaba haciendo que me pareciera hasta apetecible, cuando Teresa me bajo de la nube diciéndome:
-Ya solo nos queda el último, pero este es del material nuevo que está por colocar, lo tenemos en las cajas del final de los pasillos.
Fui a dejar la caja que acababa de cerrar con las demás, mientras ella se dirigió al fondo de los pasillos, que era una zona abierta en la que dejaban en el suelo las cajas de los productos recién llegados mientras no los colocaban.
Cuando llegué donde ella estaba, la vi agachada revolviendo en las cajas y no pude evitar quedarme mirando cómo ese culo gordo se apretaba contra la tela de la falda, casi al límite de reventarla. No paraban de venir imágenes sucias de ella masturbándose y penetrándose con sus nuevas adquisiciones. No paraba de mirar ese culo. No podía parar. Notaba mi rabo durísimo oprimido dentro de mis pantalones. Y de golpe ella me dijo:
-Te vas a quedar ahí parado toda la tarde o que?Ven a ayudarme de una vez que yo me quiero largar de aquí lo antes posible.
No podía pensar más allá de ese culo, no podía parar de mirarlo, me acercaba donde estaba ella y no pude evitar cogerla de las caderas y apretar mi paquete contra su culo.
Se quedó helada, dejó de remover en las cajas y no movió ni un músculo.
El instante se hizo eterno, tenía a mi jefa delante mío agachada y yo la sujetaba de las caderas apretando mi rabo duro contra su culo. En ese momento, me pasó de todo por la cabeza, pero principalmente me veía despedido tras una bronca monumental con la mala leche que gastaba Teresa.
Ella no se movía ni decía nada, y yo, sin soltarla de las caderas retiré mi paquete de su culo, sin saber bien bien qué hacer ni qué decir.
En décimas de segundo, buscaba encontrar una forma de disculparme para salir airoso de semejante apuro, cuando noté que ella tiró su culo hacia atrás buscando el roce de mi paquete y yo instintivamente, sin pensar, apreté mi rabo contra su culo,
-Pero…pero…que tienes ahí escondido?- Dijo Teresa con voz trémula.
El que ella buscase mi polla con su culo me puso cachondo del todo y ya nada había que pensar, tenía ese culo en mi cerebro y subí su falda hasta la cintura ansiosamente, acariciando esas enormes nalgas celulíticas rápido y bajándole las bragas hasta las rodillas sin que ella dijera nada. Me desabroché el pantalón y liberé a mi picha que estaba durísima y la coloqué entre las nalgas de Teresa, donde rápido encontró aquel coño caliente y empapadísimo.
Aquello parecía tenerla cachondísima y soltó un fuerte gemido cuando la penetré profundamente de primeras. Agarrado a sus caderas empecé a bombear su coño, golpeando mi pubis contra las nalgas de su gran culo, las cuales temblaban como flanes con cada uno de mis embites. Ella se apoyaba con las manos contra las cajas de dildos mientras yo la follaba.
-Oh sí…fóllame cielo, fóllame…así..sin parar…estoy muy cachonda.- Gemía ella suavemente de forma que casi no se podía ni oír.
Solté sus caderas y apoyé mi pecho contra su espalda, buscando desabrochar su blusa. Cuando lo conseguí empecé a tocar sus tetas, las saqué de las cazoletas del sujetador, mientras seguía penetrándola sin descanso una vez tras otra. Acariciaba ansioso esas tetas gordas y blandas, las agarraba fuertemente mientras la follaba y ella no paraba de gemir de placer.
-Me corro, me corro cabrón…no pares… - Decía ella entre suspiros.
Estaba cada vez más caliente, oyendo como se corría, tenía el rabo que me reventaba y no paraba de follarla, así hasta que cuando noté que me iba a correr, la saqué del coño y me corrí exageradamente sobre sus nalgas.
Ese momento fue muy extraño, me guardé la polla en los pantalones y me fui hacia la oficina dejando a Teresa allí apoyada en la caja en pompa, con mi corrida en su culo y las bragas en las rodillas.
Me senté en mi mesa a seguir trabajando y escuché como ella se metía en el baño y al cabo de unos minutos salía, cogía los paquetes y me decía:
-Me voy a Correos a llevar estos paquetes, vuelvo en una media hora. Date prisa en acabar eso.
Se fue sin decir nada más y a la media hora volvió tan normal, se sentó en su mesa y se puso a hacer llamadas y a juguetear con el móvil como siempre.
Cuando acabé la faena, apagué mi ordenador y al pasar por delante de su mesa y decirle que había acabado me dijo mientras se acercaba:
-Que bien!Por fin nos podemos ir! Pero espera…
Teresa se plantó delante mío y me agarró el paquete.
-Menuda polla tienes, guapo –me dijo- Déjame disfrutar de ella un poco más.
Y tal como dijo eso se arrodilló y me desabrochó el pantalón, agarrando mi polla fuertemente y meneándola. Mi cipote reaccionó de golpe, poniéndose durísima otra vez y ella empezó a escupirme en la polla mientras me la meneaba, dejándola chorreando de saliva. Su mano subía y bajaba deslizándose rápidamente por mi tranca y de golpe abrió la boca y la engulló entera.
Hasta los cojones habrían entrado en la boca de Teresa si se lo hubiera propuesto, estaba gozando como nunca con aquella mamada loca que me estaba haciendo, cuando se sacó mi polla de la boca y mientras me pajeaba me dijo:
-Quieres que te acabe con la boca y saboree tu leche?o prefieres volver a follarte mi coño?
Sin responderle, la hice levantarse y la empujé sobre su mesa, ella se apresuró a arremangarse la falda y bajarse las bragas, enseñándome ese coño muy peludo de labios gordos que tenía. Se la metí sin dudarlo, follándola agarrándole las nalgas,y ella, mientras la iba penetrando, se fue quitado la blusa y el sujetador mostrándome esas tetas que antes solo había palpado. Eran gordas y caídas, normal en su edad, pero totalmente apetecibles para el joven que se estaba ensañando con su coño.
-Fóllame cabrón, te odio…fóllame más duro - me decía ella sin olvidar nuestra mala relación laboral mientras la penetraba y le chupaba las tetas.
Y yo no podía evitar el follarme su coño cada vez más rápido y más duro, sin parar, así hasta explotar dentro de ella, a la par que ella se corría cruzando sus piernas en mi espalda, apretándome contra su coño como si no fuera a liberar a mi polla jamás.
Me susurró al oido lo bien que se me daba el hacer horas extras y que a partir de ahora me iba a dar más a menudo el trabajo a última hora. Yo le dije que me tenía que ir y que sobretodo no se olvidase la bolsa de juguetitos que tenía que llevarse a su casa para probar.
Se echo a reír y me dijo que me fuera a casa que mañana sería otro día.
Ya de por si mi jefa y yo no nos llevábamos demasiado bien, como para encima eso para acabar de redondearlo, y ella lo notó y al ver mi cara me dijo:
- Oye, que tu te tienes que quedar pero yo también, porque he de cerrar la empresa y hasta que no acabes no voy a poder marcharme.
Se fue yendo todo el mundo y ahí estábamos los dos con caras de pocos amigos, yo trabajando a toda prisa para acabar cuanto antes y ella charlando por teléfono con sus amigas y jugueteando con su móvil.
De golpe, Teresa dió un salto de la silla y me dijo:
- Mierda! Los chicos del almacén se han olvidado de preparar unos pedidos que tenían que salir hoy urgentes. Vamos en un momento al almacén a prepararlos nosotros y después sigues con lo tuyo.
A regañadientes, fui con ella al almacén, era un espacio anexo a las oficinas con muchos pasillos y estanterías hasta casi el techo, llenas de los más variopintos juguetes sexuales, con un espacio de un metro aproximadamente entre estantería y estantería.
Ella llevaba los listados con los pedidos y yo sujetaba la caja donde iba colocando los productos encargados, hasta que, de golpe, me da un plug anal negro con bultitos y me dice:
-Este ponlo aparte que me lo llevo a mi casa para probarlo.
En ese momento lo cogí y me quedé alucinado con su comentario.
Teresa era una mujer separada de algo más de 50 años, de algo menos de 1,70 de estatura, rellena, con buenas caderas y pechos grandes a conjunto con el resto, con un cuerpo típico de mujer de su edad. Tenía un carácter bastante seco, rozando la bordería en la mayoría de los casos y con la cual nunca había tenido la más mínima confianza como para enterarme de que querría meterse por sus partes esa buena señora al llegar a casa.
No dije nada y ella siguió preparando pedidos, y al cabo de un rato me dió para que le guardase un pene negro de tamaño considerable con muchas venas, de estos que se sujetan con una ventosa, también para llevárselo a casa. Tras eso, fueron cayendo unas bolas chinas triples, unas fundas vibradoras para los dedos y un par de botes de lubricantes anales. Todo para que Teresa lo probase en su casa.
Yo ya lo flipaba, pero seguía sin decir nada de nada, iba tras ella por los pasillos sujetando las cajas y sus juguetitos y para mi era inevitable el pensar lo que podría hacer mi jefa con todo eso al llegar a casa. La imaginaba colocándose las bolas chinas en el lavabo de la oficina antes de ir a coger el metro, para llegar bien caliente a casa y ponerse a lubricar el pene negro de goma, clavar la ventosa en una silla y sentándose sobre él metiéndoselo enterito por el coño. La imaginaba desnuda en el sofá viendo la tele con el plug anal metido en el culo y acariciándose el clítoris con con las fundas de dedos vibradoras. La imaginaba…joder!me había quedado totalmente en una nube y me acababa de dar cuenta que andaba tras ella por los pasillos medio cachondo mirándole el culo. Sí, estaba mirándole el culo a mi jefa que me sacaba unos 20 años y a la cual odiaba profundamente.
Iba vestida con una blusa blanca con rayas beige y una falda marrón que le llegaba justo por debajo de las rodillas, la falda le marcaba el culo gordo que tenía y el cual era el centro de mi atención en los últimos minutos, aunque no era más que eso: un culo gordo. La situación había enturbiado mi mente de tal manera que estaba haciendo que me pareciera hasta apetecible, cuando Teresa me bajo de la nube diciéndome:
-Ya solo nos queda el último, pero este es del material nuevo que está por colocar, lo tenemos en las cajas del final de los pasillos.
Fui a dejar la caja que acababa de cerrar con las demás, mientras ella se dirigió al fondo de los pasillos, que era una zona abierta en la que dejaban en el suelo las cajas de los productos recién llegados mientras no los colocaban.
Cuando llegué donde ella estaba, la vi agachada revolviendo en las cajas y no pude evitar quedarme mirando cómo ese culo gordo se apretaba contra la tela de la falda, casi al límite de reventarla. No paraban de venir imágenes sucias de ella masturbándose y penetrándose con sus nuevas adquisiciones. No paraba de mirar ese culo. No podía parar. Notaba mi rabo durísimo oprimido dentro de mis pantalones. Y de golpe ella me dijo:
-Te vas a quedar ahí parado toda la tarde o que?Ven a ayudarme de una vez que yo me quiero largar de aquí lo antes posible.
No podía pensar más allá de ese culo, no podía parar de mirarlo, me acercaba donde estaba ella y no pude evitar cogerla de las caderas y apretar mi paquete contra su culo.
Se quedó helada, dejó de remover en las cajas y no movió ni un músculo.
El instante se hizo eterno, tenía a mi jefa delante mío agachada y yo la sujetaba de las caderas apretando mi rabo duro contra su culo. En ese momento, me pasó de todo por la cabeza, pero principalmente me veía despedido tras una bronca monumental con la mala leche que gastaba Teresa.
Ella no se movía ni decía nada, y yo, sin soltarla de las caderas retiré mi paquete de su culo, sin saber bien bien qué hacer ni qué decir.
En décimas de segundo, buscaba encontrar una forma de disculparme para salir airoso de semejante apuro, cuando noté que ella tiró su culo hacia atrás buscando el roce de mi paquete y yo instintivamente, sin pensar, apreté mi rabo contra su culo,
-Pero…pero…que tienes ahí escondido?- Dijo Teresa con voz trémula.
El que ella buscase mi polla con su culo me puso cachondo del todo y ya nada había que pensar, tenía ese culo en mi cerebro y subí su falda hasta la cintura ansiosamente, acariciando esas enormes nalgas celulíticas rápido y bajándole las bragas hasta las rodillas sin que ella dijera nada. Me desabroché el pantalón y liberé a mi picha que estaba durísima y la coloqué entre las nalgas de Teresa, donde rápido encontró aquel coño caliente y empapadísimo.
Aquello parecía tenerla cachondísima y soltó un fuerte gemido cuando la penetré profundamente de primeras. Agarrado a sus caderas empecé a bombear su coño, golpeando mi pubis contra las nalgas de su gran culo, las cuales temblaban como flanes con cada uno de mis embites. Ella se apoyaba con las manos contra las cajas de dildos mientras yo la follaba.
-Oh sí…fóllame cielo, fóllame…así..sin parar…estoy muy cachonda.- Gemía ella suavemente de forma que casi no se podía ni oír.
Solté sus caderas y apoyé mi pecho contra su espalda, buscando desabrochar su blusa. Cuando lo conseguí empecé a tocar sus tetas, las saqué de las cazoletas del sujetador, mientras seguía penetrándola sin descanso una vez tras otra. Acariciaba ansioso esas tetas gordas y blandas, las agarraba fuertemente mientras la follaba y ella no paraba de gemir de placer.
-Me corro, me corro cabrón…no pares… - Decía ella entre suspiros.
Estaba cada vez más caliente, oyendo como se corría, tenía el rabo que me reventaba y no paraba de follarla, así hasta que cuando noté que me iba a correr, la saqué del coño y me corrí exageradamente sobre sus nalgas.
Ese momento fue muy extraño, me guardé la polla en los pantalones y me fui hacia la oficina dejando a Teresa allí apoyada en la caja en pompa, con mi corrida en su culo y las bragas en las rodillas.
Me senté en mi mesa a seguir trabajando y escuché como ella se metía en el baño y al cabo de unos minutos salía, cogía los paquetes y me decía:
-Me voy a Correos a llevar estos paquetes, vuelvo en una media hora. Date prisa en acabar eso.
Se fue sin decir nada más y a la media hora volvió tan normal, se sentó en su mesa y se puso a hacer llamadas y a juguetear con el móvil como siempre.
Cuando acabé la faena, apagué mi ordenador y al pasar por delante de su mesa y decirle que había acabado me dijo mientras se acercaba:
-Que bien!Por fin nos podemos ir! Pero espera…
Teresa se plantó delante mío y me agarró el paquete.
-Menuda polla tienes, guapo –me dijo- Déjame disfrutar de ella un poco más.
Y tal como dijo eso se arrodilló y me desabrochó el pantalón, agarrando mi polla fuertemente y meneándola. Mi cipote reaccionó de golpe, poniéndose durísima otra vez y ella empezó a escupirme en la polla mientras me la meneaba, dejándola chorreando de saliva. Su mano subía y bajaba deslizándose rápidamente por mi tranca y de golpe abrió la boca y la engulló entera.
Hasta los cojones habrían entrado en la boca de Teresa si se lo hubiera propuesto, estaba gozando como nunca con aquella mamada loca que me estaba haciendo, cuando se sacó mi polla de la boca y mientras me pajeaba me dijo:
-Quieres que te acabe con la boca y saboree tu leche?o prefieres volver a follarte mi coño?
Sin responderle, la hice levantarse y la empujé sobre su mesa, ella se apresuró a arremangarse la falda y bajarse las bragas, enseñándome ese coño muy peludo de labios gordos que tenía. Se la metí sin dudarlo, follándola agarrándole las nalgas,y ella, mientras la iba penetrando, se fue quitado la blusa y el sujetador mostrándome esas tetas que antes solo había palpado. Eran gordas y caídas, normal en su edad, pero totalmente apetecibles para el joven que se estaba ensañando con su coño.
-Fóllame cabrón, te odio…fóllame más duro - me decía ella sin olvidar nuestra mala relación laboral mientras la penetraba y le chupaba las tetas.
Y yo no podía evitar el follarme su coño cada vez más rápido y más duro, sin parar, así hasta explotar dentro de ella, a la par que ella se corría cruzando sus piernas en mi espalda, apretándome contra su coño como si no fuera a liberar a mi polla jamás.
Me susurró al oido lo bien que se me daba el hacer horas extras y que a partir de ahora me iba a dar más a menudo el trabajo a última hora. Yo le dije que me tenía que ir y que sobretodo no se olvidase la bolsa de juguetitos que tenía que llevarse a su casa para probar.
Se echo a reír y me dijo que me fuera a casa que mañana sería otro día.
4 years ago